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DECLARACIÓN DE MISIÓN

La batalla cultural también se libra aquí

No basta con que la historia exista: también importa quién la cuenta, en qué formato y qué lugar ocupa en la conversación de hoy.

Vivimos entre titulares fugaces, vídeos que compiten por segundos y plataformas que concentran una enorme capacidad para ordenar lo que vemos y discutimos. En ese flujo, la humillación de personas migrantes puede convertirse en espectáculo; presumir de esquivar impuestos, en señal de éxito; y despreciar a quienes cobran una pensión, en chiste. Mientras tanto, los servicios públicos soportan presión privatizadora, los derechos laborales retroceden y la clase trabajadora tiene cada vez menos poder para decidir cómo se organiza la vida común.

También vemos cómo la destrucción de Gaza y la muerte de civiles se retransmiten hasta correr el riesgo de volverse paisaje. La Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU concluyó que las autoridades israelíes habían cometido genocidio en Gaza; puedes leer su comunicado y sus conclusiones. No aceptamos que el dolor de un pueblo quede reducido a otra pieza que se desliza fuera de la pantalla.

La cultura también organiza el poder

Gramsci nos ayuda a mirar cómo se forma el sentido común: el poder no actúa solo desde las instituciones o mediante la fuerza; también influye en qué ideas parecen naturales, posibles o impensables. Por eso importa qué historias se enseñan, cuáles quedan al margen y qué voces ocupan las redes. En 2019, el Parlamento Europeo aprobó una resolución de memoria que aborda conjuntamente los crímenes de regímenes nazis y comunistas; el texto oficial está disponible aquí. Cuestionamos las equiparaciones que borran diferencias históricas y políticas. Hacerlo no significa ocultar crímenes ni dejar de estudiar críticamente las experiencias que se reclamaron comunistas.

No podemos esperar que, en la era del scroll, cada joven empiece por leer El capital, los Cuadernos de la cárcel o una historia completa de Cuba y la Guerra Fría. No porque no pueda hacerlo, sino porque el primer paso tiene que estar a su alcance. Un vídeo de un minuto puede abrir la puerta; un artículo breve, con fuentes gratuitas y legales, puede invitar a cruzarla. La sencillez del formato no tiene por qué empobrecer las ideas.

Una posición clara, sin convertir la historia en estampita

WeTheComuna habla desde una posición marxista-leninista, convencida y militante. No fingimos neutralidad: queremos recuperar la historia obrera, socialista y comunista que suele quedar relegada, y combatir el racismo y el fascismo. Tampoco tratamos a sus protagonistas como santos ni como portavoces idénticos. Cada vida tiene contexto, desacuerdos, límites y contradicciones; contarlos con honestidad forma parte de respetarlos. No atribuimos a todas las figuras nuestras mismas ideas ni las encajamos en una sola etiqueta.

Milo, Marx, Gramsci y el resto aparecen en una estética animada, cercana y deliberadamente actual. Vestir sus personajes o ponerlos en una taza no busca ridiculizar, simplificar ni banalizar las luchas, sus mártires o sus logros. El diseño es una invitación a reconocer un nombre, iniciar una conversación y seguir aprendiendo; no sustituye la organización, la lectura ni la acción colectiva.

Usar los canales que existen; sostener lo que construimos

No pretendemos estar fuera del mercado: usamos las redes, el vídeo breve y la tienda —sus propios canales y códigos— para llevar estas historias a espacios donde la gente ya está y sostener un proyecto independiente. Las ilustraciones originales hacen visible ese universo; comprar una pieza ayuda a financiar investigación, diseño, animación y traducción. Cada trimestre, el fundador destinará a UNRWA el 10 % de los beneficios netos de todo WeTheComuna: tienda, aportaciones de apoyo, contenidos y música. Es un compromiso del proyecto, no una donación automática gestionada por Etsy. Conoce la labor de UNRWA.

Una camiseta no cambia el mundo por sí sola. Pero una historia que vuelve a circular puede abrir una pregunta, conectar a alguien con una lucha y devolver al debate lo que parecía olvidado. No cedamos también ese terreno.

Para seguir explorando

WeTheComuna es un proyecto editorial independiente. Esta declaración expresa su posición política; los artículos del Journal ofrecen contexto y fuentes para examinar cada episodio por separado.

NUESTROS COMPROMISOS

Respeto y transparencia

Personas, no personajes planos

Las figuras históricas que aparecen en WeTheComuna, vivas o fallecidas, merecen nuestro respeto y admiración por su contribución a la historia y, según cada trayectoria, a las luchas obreras, antirracistas, feministas, ecologistas y LGBTIQ+. Nuestro estilo animado busca despertar curiosidad por sus vidas, no ridiculizarlas ni reducirlas a una frase.

Algunas de esas vidas fueron complejas y controvertidas. Honrar su legado también exige contar las contradicciones con contexto, rigor y fuentes, sin presentar a nadie como infalible. Las ilustraciones y escenas son interpretaciones creativas, no retratos documentales. La aparición de una persona viva no implica que participe en el proyecto ni que lo respalde.

Cómo usamos la inteligencia artificial

La idea, el concepto y la dirección editorial de WeTheComuna nacen de su fundador. Para crear imágenes, vídeos, textos y música nos apoyamos en herramientas de IA. Queremos decirlo con claridad y asumir la responsabilidad de lo que publicamos: la tecnología no sustituye el criterio, la investigación ni la revisión humana.

Reconocemos los riesgos que la IA plantea para artistas y creadores. Sus derechos, su originalidad y su trabajo deben estar protegidos. También creemos que, bien utilizada, puede abrir nuevas posibilidades para crear y compartir conocimiento, como ocurrió con la imprenta, el ferrocarril o internet. Pero no es una herramienta neutra: concentrada en pocas manos, puede amplificar unas voces y hacer invisibles otras.

Usamos estas herramientas para llevar historias obreras y de emancipación a los formatos donde hoy se conversa. Renunciar a ellas nos dejaría en desventaja en esa batalla cultural; utilizarlas no nos exime de pedir transparencia, límites y protección para quienes crean. Ese equilibrio forma parte del proyecto.

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