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NELSON MANDELA · GRANADA · IMPERIALISMO

Granada, 1983: por qué Estados Unidos invadió una pequeña isla revolucionaria

El intento de una isla caribeña de construir su propio futuro se convirtió en objetivo del ejército más poderoso del mundo. La invasión de Granada forma parte de una historia más amplia: la determinación de Washington de impedir que proyectos socialistas y de izquierda independientes echaran raíces en las Américas.

Granada, 1983: por qué Estados Unidos invadió una pequeña isla revolucionaria
Ilustración: WeTheComuna

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El 19 de octubre de 1983, Maurice Bishop fue asesinado durante una disputa interna por el poder en la dirección revolucionaria de Granada. Seis días después, fuerzas estadounidenses invadieron la isla. En el aniversario de su muerte, recuperamos la historia internacional de aquella invasión: por qué Washington consideró una amenaza a una pequeña revolución caribeña y qué significó su destrucción para la región. [1]

Una pequeña isla que elegía otro futuro

Granada es famosa por la nuez moscada, un cultivo que conecta a miles de pequeños agricultores con el mercado mundial. Su historia también pertenece a las luchas del Caribe por la tierra, el trabajo, la superación del poder colonial y el derecho a decidir cómo se desarrolla una sociedad. El tamaño de la isla hacía más urgentes esas cuestiones: la dependencia de los mercados exteriores puede dar a las potencias extranjeras una enorme influencia sobre las decisiones de una economía pequeña. [2]

La revolución de marzo de 1979 llevó al poder a Maurice Bishop y al Movimiento Nueva Joya. Su proyecto marxista-leninista situó la educación, la sanidad y el desarrollo colectivo en el centro de la reconstrucción nacional. En un discurso público de abril de 1983, Bishop describió la expansión de la inversión pública y vinculó las aspiraciones de su gobierno con las luchas de los pueblos vecinos. La cooperación con Cuba ofrecía otra vía de acceso a conocimientos, asistencia y desarrollo, más allá de las alianzas preferidas por Washington. [3] [4]

El desafío político era considerable. Un país caribeño afirmaba que sus recursos, sus instituciones públicas y sus relaciones internacionales debían servir a un proyecto decidido en su propio territorio. Para los pueblos de economías moldeadas por el colonialismo, esa posibilidad tenía un significado que desbordaba las fronteras de Granada.

La invasión y el lenguaje del rescate

El 25 de octubre de 1983, la administración Reagan lanzó la Operación Furia Urgente con la participación de aliados caribeños. La fuerza militar estadounidense derrocó al gobierno militar surgido de la crisis de octubre y desmanteló la estructura estatal que quedaba de la revolución. Washington presentó su actuación como una operación para proteger a ciudadanos estadounidenses, responder a peticiones de ayuda de países de la región y restablecer el orden. Reagan expuso esas justificaciones en su carta al Congreso el mismo día del desembarco. [5]

La crisis proporcionó una oportunidad inmediata para una intervención cuyo contexto estratégico llevaba años configurándose. En el discurso televisado de Reagan dos días después, Granada aparecía integrada en la confrontación con Cuba y la Unión Soviética. Su relato presentaba las relaciones internacionales de la isla y su proyecto aeroportuario como pruebas de un avance hostil en la región. La invasión se explicaba a la población estadounidense mediante un mapa de la Guerra Fría en el que la orientación política de un país caribeño se convertía en un asunto que Washington se atribuía el derecho a resolver. [6]

Cuando un aeropuerto se convierte en amenaza

El aeropuerto de Point Salines muestra cómo un proyecto de desarrollo podía reinterpretarse como un peligro militar. El gobierno de Granada lo presentaba como una infraestructura esencial para las comunicaciones internacionales y el turismo. Reagan lo describía como sospechosamente adecuado para aviones militares soviéticos. Sin embargo, las actas del Parlamento británico también documentan la participación de la empresa británica Plessey y los argumentos contemporáneos sobre la finalidad civil del aeropuerto. [6] [7]

La controversia dejaba al descubierto una relación desigual. Washington se atribuía la autoridad para interpretar las infraestructuras y las amistades de Granada según sus propias prioridades de seguridad, y después imponer esa interpretación mediante la fuerza. Un proyecto destinado a ampliar las conexiones de la isla con el mundo pasó a formar parte de la justificación para tomar el control de su futuro político.

Este es un rasgo central del imperialismo: las preferencias estratégicas de un Estado dominante adquieren fuerza de mandato sobre el desarrollo de otro pueblo. La independencia formal convive con la presión sobre qué aliados, políticas económicas y movimientos políticos se consideran admisibles.

El miedo a un ejemplo que pudiera funcionar

¿Por qué debía importar tanto una isla tan pequeña? El conjunto de la documentación sobre la política estadounidense ofrece una respuesta: un gobierno puede amenazar a una potencia dominante por el ejemplo que representa. La reforma agraria, unos servicios públicos más fuertes, la propiedad social o la cooperación internacional independiente pueden mostrar posibilidades que las poblaciones vecinas reclamen después para sí mismas.

Los documentos desclasificados de la Casa Blanca sobre Chile hacen explícito ese temor. En noviembre de 1970, Henry Kissinger advirtió a Nixon de la influencia internacional que podía ejercer un gobierno marxista elegido en las urnas si lograba consolidarse con éxito. Lo denominó el «efecto modelo». La preocupación de Washington iba más allá de las fronteras chilenas: otros países podían seguir su ejemplo. Esos mismos documentos describen las presiones económicas y las operaciones encubiertas destinadas a impedir la consolidación del gobierno de Salvador Allende. [8]

Ese razonamiento documentado ayuda a comprender lo que estaba en juego en Granada. La isla formaba parte de un hemisferio ya transformado por la Revolución cubana y el triunfo sandinista en Nicaragua. La propia biblioteca presidencial de Reagan describe el apoyo de su administración a la Contra, la ayuda militar a El Salvador y la invasión de Granada como componentes de su política anticomunista internacional. [9]

Desde esta perspectiva, el miedo al «contagio» comunista era también miedo a la imitación política: a que los pueblos descubrieran que podían cuestionar el orden existente, organizar la riqueza en torno a las necesidades sociales y construir un gobierno que no buscara la aprobación de Washington. Una victoria militar en una pequeña isla podía servir de advertencia a movimientos mucho mayores.

La ONU condenó la invasión

El 2 de noviembre de 1983, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 38/7 por 108 votos a favor, nueve en contra y 27 abstenciones. Consideró la intervención armada una violación flagrante del derecho internacional y de la independencia, la soberanía y la integridad territorial de Granada. Reclamó la retirada inmediata de las tropas extranjeras y reafirmó el derecho de Granada a elegir su sistema político, económico y social. [10] [11]

Esa afirmación alcanza el núcleo del problema. La autodeterminación política y económica pertenece al pueblo al que concierne. Una superioridad militar abrumadora proporciona la capacidad de invadir; no otorga ningún derecho a decidir el futuro de otro país.

Una historia continental de intervenciones

Granada forma parte de una historia que empleó distintos métodos: invasión directa, desestabilización encubierta, apoyo a golpes militares, guerras mediante fuerzas interpuestas y asistencia a Estados que combatían movimientos revolucionarios. El hilo común es el uso del poder estadounidense para limitar la transformación política y preservar un orden regional favorable a Washington y sus aliados.

Guatemala, 1954: derrocar la reforma agraria

La Operación PBSUCCESS de la CIA contribuyó al derrocamiento del gobierno elegido de Jacobo Árbenz. Su reforma agraria cuestionaba la concentración de la propiedad de la tierra, incluidos los intereses de la United Fruit Company. La historia documental del Departamento de Estado recoge la operación para destituirlo y el marco anticomunista utilizado para justificarla. Una lucha por la tierra y el desarrollo fue tratada como una amenaza para la seguridad del hemisferio. [12]

Brasil, 1964: respaldar la toma militar del poder

Washington apoyó a las fuerzas militares que se movilizaron contra el gobierno reformista de João Goulart. La Operación Brother Sam preparó asistencia logística y militar para el golpe, incluidos suministros y una fuerza naval. El golpe triunfó sin requerir el despliegue completo de esa intervención. Los preparativos estadounidenses muestran, aun así, su compromiso con el derrocamiento de un gobierno cuya orientación política rechazaban. [13] [14]

Chile, 1970–1973: hacer fracasar un proyecto socialista elegido en las urnas

La elección de Allende desencadenó una campaña sostenida de injerencia estadounidense. Washington recurrió a operaciones encubiertas y a la presión económica contra su gobierno; las fuerzas militares chilenas ejecutaron el golpe del 11 de septiembre de 1973 que llevó al poder a Augusto Pinochet. Los documentos desclasificados acreditan la política deliberada de desestabilización que lo precedió. La legitimidad electoral no había protegido a Chile de la hostilidad contra su transformación socialista. [15] [8]

Nicaragua en los años ochenta: la guerra mediante la Contra

La administración Reagan apoyó a las fuerzas de la Contra que combatían al gobierno sandinista. Aquella campaña combinó la presión armada con ataques a la vida económica de Nicaragua. En 1986, la Corte Internacional de Justicia determinó que las actuaciones estadounidenses, entre ellas el apoyo a la Contra y el minado de aguas nicaragüenses, infringían obligaciones relativas a la no intervención, el uso de la fuerza y la soberanía. [16]

El Salvador en los años ochenta: sostener la contrainsurgencia

La intervención estadounidense adoptó aquí la forma de asistencia militar y respaldo político al Estado que combatía a la insurgencia de izquierda. Un memorando de enero de 1981 reclamaba el envío rápido de ayuda letal porque las fuerzas gubernamentales se estaban quedando sin munición. Documentos posteriores recogen el conocimiento de Washington sobre graves crímenes cometidos por las fuerzas armadas a las que apoyaba, incluido el asesinato en 1989 de seis sacerdotes jesuitas, la trabajadora doméstica de su residencia y su hija. El anticomunismo contribuyó a sostener una guerra contra movimientos que aspiraban a una transformación social profunda. [17] [18]

Honduras en los años ochenta: plataforma de la contrarrevolución regional

Honduras se convirtió en una importante base de la campaña de la Contra, respaldada por Estados Unidos, contra Nicaragua. Su relación militar con Washington también incluyó cooperación de inteligencia y apoyo a fuerzas de seguridad implicadas en desapariciones y torturas. Los documentos desclasificados de la CIA y de la embajada recogen los vínculos con el Batallón 316 y la importancia de las instalaciones militares hondureñas en la estrategia regional. La intervención podía organizar el territorio y el aparato de seguridad de un país en torno a la represión de movimientos revolucionarios al otro lado de sus fronteras. [19] [20]

¿Quién decide lo que un país puede llegar a ser?

Estas historias muestran cómo las luchas por la tierra, los salarios, los servicios públicos y la propiedad se convirtieron en confrontaciones internacionales. Las clases dominantes locales defendían sus privilegios; el poder estadounidense reforzaba a aliados cuyos intereses coincidían con su estrategia regional. El anticomunismo conectaba esos intereses con un lenguaje de seguridad capaz de convertir la propia reforma social en enemiga.

Comprender el intervencionismo también cambia la manera de examinar la historia del socialismo. La presión económica, los conflictos armados apoyados desde el exterior y los derrocamientos militares forman parte de las condiciones materiales en las que intentaron desarrollarse los proyectos revolucionarios. La destrucción de un proyecto no demuestra que su pueblo careciera de capacidad para construirlo. Hay que examinar las fuerzas que actuaron para hacerlo fracasar.

Recordar Granada significa defender la posibilidad de que los trabajadores, los agricultores y las comunidades de un país pequeño construyan su propio futuro. Su derecho a hacerlo no puede depender del permiso de una superpotencia.

En WeTheComuna volveremos a Guatemala, Brasil, Chile, Nicaragua, El Salvador y Honduras en próximos artículos y vídeos. Cada país merece su propia historia: las personas que buscaron cambios, los intereses que se resistieron y la maquinaria internacional utilizada contra ellas. Granada abre ese relato más amplio con una pregunta que rebasa el Caribe: ¿quién tiene el poder de decidir lo que otro pueblo puede llegar a ser?

Fuentes y lecturas

  1. UK Parliament: Grenada invasion debate, 26 October 1983
  2. FAO: Nutmeg and derivatives
  3. Bush Presidential Library: Grenada and Operation Urgent Fury
  4. Maurice Bishop: April 1983 speech extracts, Socialist Action
  5. Reagan: letter to Congress, 25 October 1983
  6. Reagan: address on Lebanon and Grenada, 27 October 1983
  7. UK Parliament: Grenada and the airport, 1 November 1983
  8. National Security Archive: declassified Nixon–Kissinger policy on Chile
  9. Reagan Presidential Library: administration foreign policy
  10. UN Digital Library: Resolution 38/7 voting record
  11. UN General Assembly: Resolution 38/7, full text
  12. State Department: Guatemala documentary history, editorial introduction
  13. Library of Congress: United States and Brazil’s 1964 coup
  14. National Security Archive: Brazil coup and Operation Brother Sam
  15. State Department: Allende and Pinochet
  16. International Court of Justice: Nicaragua judgment, 1986
  17. Brzezinski to Carter: military assistance for El Salvador, January 1981
  18. National Security Archive: Jesuit murders and declassified records
  19. National Security Archive: CIA records on Latin America and Honduras
  20. National Security Archive: The Negroponte File
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