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EDICIÓN ESPECIAL · THOMAS SANKARA · 15 DE OCTUBRE DE 1987

Thomas Sankara: la independencia que debía cambiar la vida

El marxismo de Thomas Sankara, la emancipación de las mujeres, la soberanía alimentaria y la lucha por un África dueña de sus recursos y su futuro.

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El 15 de octubre de 1987 asesinaron a Thomas Sankara y a doce de sus compañeros en Uagadugú. Treinta y nueve años después, recordar al dirigente burkinés exige recuperar el proyecto que defendía: que la independencia africana dejara de ser una bandera sobre un Estado dependiente y se convirtiera en poder para transformar la vida cotidiana.

Un marxismo arraigado en África

Sankara llegó al poder con la revolución del 4 de agosto de 1983. Su horizonte era socialista y antiimperialista. El Discurso de Orientación Política, presentado el 2 de octubre, analizaba la explotación de clase y la alianza entre intereses extranjeros y grupos privilegiados locales. Proponía movilizar a trabajadores, campesinos, mujeres y jóvenes para transformar esas relaciones.

El marxismo de Sankara vinculaba soberanía política y poder económico. ¿Qué independencia tiene un pueblo si no puede decidir qué produce, cómo se distribuye la riqueza o quién accede a la tierra?

El 4 de agosto de 1984, el Alto Volta pasó a llamarse Burkina Faso. El nombre colonial cedía ante una expresión formada con palabras del mooré y el dioula, habitualmente traducida como «país de las personas íntegras». La independencia formal databa de 1960; el cambio de nombre expresaba la voluntad de profundizarla.

Escuelas, salud y una economía para las necesidades

La revolución impulsó la construcción comunitaria de escuelas, dispensarios y pequeñas infraestructuras de agua. Su balance de agosto de 1985 permite comprender el método: organizar el trabajo colectivo alrededor de necesidades concretas. La escolarización y la alfabetización debían ampliar la capacidad del pueblo para intervenir en su propio destino.

En sanidad, la campaña de vacunación de noviembre de 1984 alcanzó a más de dos millones de niños, según el testimonio del entonces ministro de Salud, Abdoul Salam Kaboré. Se extendieron puestos de atención primaria y la formación sanitaria comunitaria. Acercar la prevención a las aldeas significaba disputar una desigualdad que convertía la enfermedad tratable en condena.

La soberanía alimentaria exigía mejorar la producción campesina, almacenar agua y recuperar suelos. En su entrevista del 4 de octubre de 1987, Sankara describía presas, reforestación y herramientas fabricadas localmente. Estas medidas convertían la soberanía alimentaria en un programa concreto de producción, gestión del agua y recuperación ecológica.

La reorganización agraria de 1984 declaró las tierras propiedad del Estado y estableció derechos de uso, cuestionando su apropiación como riqueza privada. El impulso al Faso Dan Fani, tejido con algodón local, buscaba sostener la producción y el trabajo dentro del país. Transformar las materias primas, en lugar de limitarse a exportarlas, era parte de la independencia económica.

La emancipación de las mujeres como condición revolucionaria

En su discurso del 8 de marzo de 1987, Sankara relacionó la subordinación femenina con la explotación económica y el trabajo doméstico no remunerado. La emancipación requería autonomía material y participación política. Una revolución que mantuviera a las mujeres sometidas reproduciría dentro de los hogares la dominación que decía combatir.

Su gobierno incorporó mujeres a responsabilidades ministeriales y combatió los matrimonios forzados y la mutilación genital femenina. Estas políticas situaban la emancipación de las mujeres dentro de la transformación de la sociedad.

Una libertad con bases materiales

La libertad tiene bases materiales. El acceso a la educación convierte el conocimiento en un recurso colectivo; la sanidad cuestiona que la supervivencia dependa de los ingresos; la soberanía alimentaria permite a un pueblo decidir mejor su futuro. Estos compromisos expresan una concepción socialista de la emancipación: las personas necesitan medios para ejercer poder sobre sus vidas. El programa de Sankara invita a valorar la independencia por las posibilidades cotidianas que abre para trabajadores, campesinos y mujeres.

África debía decidir sobre su riqueza y su deuda

La tierra y el subsuelo pertenecían al horizonte de la emancipación. Burkina Faso posee oro, zinc, manganeso y fosfatos, entre otros recursos, recogidos en la documentación de la EITI. Para una política emancipadora, lo decisivo es quién controla esos recursos y la riqueza que generan.

En la mina de oro de Poura, en octubre de 1984, Sankara contrapuso las condiciones de los mineros con los privilegios de quienes dirigían el negocio. Su pregunta sobre los beneficiarios del oro situaba el conflicto de clase dentro de la lucha anticolonial.

El 29 de julio de 1987, ante la Organización de la Unidad Africana, propuso un frente unido contra la deuda. La consideraba un instrumento de subordinación. Pedía una negativa colectiva al pago: un país aislado quedaría expuesto a represalias. Su llamamiento convertía la solidaridad africana en una estrategia para resistir el poder de los acreedores.

El desafío a Francia

Su internacionalismo cuestionaba las jerarquías que permitían a las antiguas metrópolis conservar influencia después de las independencias. En 1986, ante François Mitterrand, denunció que Francia recibiera a dirigentes como Pieter Botha, representante del apartheid sudafricano. La confrontación era pública y concreta.

Su proyecto resultaba incómodo para el orden neocolonial: defendía que las prioridades africanas debían establecerlas sus pueblos. Estaba en juego el control de la producción, los recursos y el desarrollo: las bases materiales del poder imperialista.

El asesinato y las preguntas sobre los servicios franceses

Sankara fue asesinado durante el golpe que llevó al poder a Blaise Compaoré. El fallo de abril de 2022 condenó a cadena perpetua a Compaoré, Gilbert Diendéré y Hyacinthe Kafando. La justicia sobre los responsables burkineses no resolvió todas las posibles complicidades internacionales.

El investigador Bruno Jaffré ha señalado testimonios sobre franceses que habrían eliminado grabaciones de escuchas. Estas acusaciones sostienen la exigencia de investigar una posible intervención de los servicios franceses. Las fuentes consultadas no acreditan judicialmente que dichos servicios ordenaran el asesinato; tampoco permiten identificar con certeza a todos los presuntos intervinientes.

Macron y unos archivos todavía disputados

En noviembre de 2017, Emmanuel Macron prometió desclasificar y transmitir los documentos franceses relativos al caso. Hubo entregas desde 2018 hasta abril de 2021. En noviembre de 2023, el Gobierno francés declaró cumplido el compromiso.

El colectivo Justice pour Sankara, justice pour l’Afrique lo cuestionó: citando a abogados de las familias, denunció la ausencia de documentos del antiguo nivel secret défense. En 2025, Jaffré mantenía la denuncia de incumplimiento. Casi nueve años después de la promesa, el problema es la integridad de lo entregado, no una ausencia total de entregas.

La vigencia de un ejemplo revolucionario

Sankara importa porque permite imaginar la independencia como una transformación de las relaciones sociales. Su legado invita a preguntar quién controla la riqueza, quién sostiene la vida y quién paga las decisiones del poder.

Recordarlo exige recuperar su programa revolucionario y reclamar toda la verdad sobre su asesinato. Su memoria adquiere fuerza política cuando inspira a los pueblos a organizarse y decidir sobre su futuro.

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